martes, 22 de enero de 2008

AÑORANZAS AUTOBIOGRAFICAS



MATRICULA DE BILBAO


VISITA INTEMPESTIVA

Tenía yo deseos de contar al publico, así como no ha muchos días me referí a mis emigraciones, algo de los tiempos en que, por azares del destino, me dediqué a la navegación, ocupando un cargo asaz humilde entre la tripulación de los siempre famosos barcos de la matricula bilbaína. Y consecuente con estos mis deseos, eché un vistazo por la ria y me fije en el vapor "Bizcaya", que cargaba mineral en los cargaderos de "los Baldes" en Zorroza.
Requerí , pues, la indispensable ayuda del amigo fotografo, y previa una carta de presentación que me facilitaron en las oficinas de la casa armadora, la Naviera Mundaka, nos encaminamos los dos, al punto de la ria en que se encontraba el "Bizkaya", según había yo visto en mis pesquisas de días atrás.
Pero sucedió que en el momento en que nos apeamos del tranvia en "Los Baldes", observamos que el barco tenía ya dos remolcadores al costado y que estaba empezando a largar amarras, por lo que supusimos, que el barco se nos escapaba con rumbo a Rotterdam, según me habían dicho en la Casa cuando fuí a buscar la carta.
Y ya pensábamos en volver atrás, cuando hube de fijarme que en " la marca del seguro" estaba aún a algunos pies por encima del agua, y pensé que no era natural que el "Bizkaya" saliera a la mar a media carga.
Hice, pues, las consiguientes averiguaciones y supe por un empleado de los cargaderos, que el barco iba a completar su cargamento a Triano, en aguas de Sestao.
Esperamos la llegada de otro tranvía y nos lanzamos al nuevo punto de atraque del "Bizkaya".


YA ESTAMOS A BORDO

Descendimos del tranvía en el puente de la Punta, división de los términos de Baracaldo y Sestao y nos metimos, vía adelante, por los terrenos del ferrocarril de la Diputación, hasta llegar al cargadero.
Allí no había barco alguno, pero las impaciencias y los preparativos del personal de servicio, nos dieron a entender que se esperaba la llegada del "Bizkaya". Y efectivamente, media hora después, apareció el barco, navegando lentamente, ante los muelles de Altos Hornos, con un remolcador por la proa y otro por la popa, y al costado un bote para la maniobra de recogida de los cabos y calabrotes precisos para el buen amarre.
El barco venía de popa , y así dió una estacha al muelle próximo, según se mira al Abra, y con otra estacha por la proa al mismo cargadero y dos calabrotes de acero a las boyas fondeadas en el canal, empezaron a "cobrar" las maquinillas de a bordo, bajo la dirección del capitán, del práctico del puente y del práctico-amarrador en tierra, cuyas ordenes cumplimentaban directamente los mozos de cubierta dirigidos por "nostramo", el contramaestre, y el barco quedó atracado de tal modo que la pluma del cargadero cayera directamente encima de la boca escotilla de la bodega número dos.
Pusieron una planchada de medio metro de ancho para que saltara a tierra el práctico que había traído el barco desde Zorroza, y por aquel estrecho paso saltamos a bordo el fotógrafo y yo , previa entrega de la carta de la Casa a un oficial que se acercó a la amura, por la banda de estribor, que era la atracada por el buque.

EL CAPITAN DEL BIZKAYA

Don Juan Domingo Arana, que así se llama el que "después de Dios es el amo de a bordo" es un marino de los típicos, horro de palabras y de trato un tanto brusco, como hombre avezado a la lucha continua con los elementos. No le falta, a nuestro juicio mas que la clásica sotabarba, para ser un verdadero lobo de mar,de los que aparecen en las viejas estampas de los aguafuertes del pasado siglo.
Nos dirigimos a él sombrero en mano y le expusimos nuestros deseos de hacer una información de la vida de a bordo, para compararla a ser posible con la que se observaba en los barcos bilbaínos allá a principios de este siglo, que era cuando yo andaba en la mar. Y como primera concesión a nuestro objeto, le rogamos que nos permitiera obtener de él una prueba fotográfica.
Pareció asombrarse de nuestra petición y nos dijo con su marcado acento vascongado, que podíamos recorrer el barco de proa a popa, preguntar lo que quisieramos a la tripulación, y hacer en fin cuanto nos viniera en gana, menos retratarle a él, pues era absolutamente enemigo de salir en los papeles.

LA VIDA A BORDO

No ha variado mucho la vida en los barcos bilbaínos desde los tiempos en que yo los frecuentaba. Penosa era entonces y penosa es hoy , salvo, como es natural, las asignaciones , que guardan la debida relación con la carestía que han experimentados todos los artículos.
Pero, si por lo general, si cuatro timoneles y dos mozos había entonces para el servicio de cubierta y puente, otros tantos hay hoy, sin que tampoco sufriera variación sensible el personal de maquinas.
De modo , que ya se sabe, en guardias de mar , hay un timonel de guardia en las gabillas, y otro en la serviola, que se relevan cada cuatro horas, habiendo se suprimido recientemente el " cuartillo" de las seis , que servía para cambiar las horas, a fín de que no fueran siempre los mismos los que estuvieran de guardia a prima noche y al alba.

Siguen "picandose" las horas , como antaño, con dos campanadas dobles a las dos, las seis y las diez, y con cuatro, también dobles, a las cuatro, las ocho y las doce, tanto antes como después del meridiano.
A las entradas y salidas de puerto , como en los barcos de guerra; babor y estribor de guardia , o sea todo el mundo al trabajo. Y únicamente en puerto tienen la ventaja - en los barcos de cabotaje también en la mar- de disfrutar la jornada de ocho horas.
La alimentación ha mejorado bastante, no estando ya limitada, como antes, a la alubia roja y arroz blanco - matricula de Bilbao- al cocido mas ó menos madrileño y al bistec con patatas... fritas después de cocidas. !Y aquel té de madrugada que se tomaba en tanques de a litro, que lo mismo podían utilizarse para el baldeo de la cubierta! El desayuno es ahora un poco mas sustancioso, aunque siempre será un tanto amargo, apenas abiertos los ojos ante el tradicional "Santos y buenos días nos dé Dios", !arriba muchachos!, que desde el tambucho del rancho pronuncia a diario "nostromo" el contramaestre..

AÑOREMOS..

Sin quererlo me vienen a las mentes los recuerdos de aquellos días tan lejanos que no volveremos a vivir. Y así me parece que me veo a mí mismo subiendo la escala del puente a las cuatro de una madrugada fría del invierno, en pleno canal de la Mancha, haciendo equilibrios para no caerme al subir, entre balance y balance, con un servicio en una mano y la cafetera en la otra, para llevarle el desayuno al oficial de guardia.
Guardo entre mis recuerdos el de aquel viaje desde Avilés al puerto sueco de Lulea, en el fondo del Baltico a bordo del "Serafín Ballesteros", cuando entramos en el rio Lulea rompiendo hielo con la proa a últimos de Mayo. Y mis andanzas en el pequeño pueblecillo, cuando contemplaba con mis camaradas el sol de media noche, vagando por las calles en día claro, y todo el caserío cerrado, porque contra nuestro parecer era hora de dormir. Y el cartel que elevamos en una encrucijada con un rotulo que decía: "Recuerdo de cuatro españoles que han pasado aquí cuatro días y ninguna noche".
Y recuerdo el regreso a Rotterdam, donde me quedé en tierra por un disgusto con el mayordomo y el capitán , derivado por mi negativa a trabajar por haber enmudecido contemplando las maravillas de ingeniería del canal de Kiel.
Y tengo presentes muchas otras cosas que están claras en mi imaginación a pesar de los treinta años transcurridos. El alojamiento en Rotterdam en casa de unos portugueses, por cuenta del Consulado. Los paseos por la célebre y casi bilbaína "charri calle", de la gran ciudad holandesa. El regreso a España, a Bilbao, de pasaje a bordo del "Menditarra", picando barraganetes todo el viaje. Mi embarque luego en el "Rivas", el precioso barco bilbaino de la casa Mudela. Mi viaje en él a South Bank, donde un domingo , por una botella de vino me tuvo un maquinista paseando toda la tarde en su locomotora por las innumerables vías de una inmensa factoría siderúrgica y donde al anochecer el cho de a bordo y yo fuimos obsequiados por sendos puntapiés por habernos sonreído, irreverentes al paso de un grupo de ingleses que iban entonando salmos por las calles.
Y el regreso a Bilbao, donde aquel buen capitán y excelente hombre, don Tomas Amorrortu, me dejó en tierra disgustado, porque no podía reñirme en vascuence, que yo no entendía...


Roger de Juval.
El Noticiero Bilbaíno. Octubre de 1931






lunes, 21 de enero de 2008

LOS MARINOS VASCOS Y LA RUTA TERRANOVA

Terranova, territorio de pesca ..
del bacalao

LA PESCA DEL BACALAO

Un encuentro oportuno.
Viniendo días pasados en el tren de Portugalete, llamó nuestra atención la presencia en los diques de Euskalduna, de dos magnificos bous de alto tonelaje- en comparación con los demás buques de pesca- que esperaban turno para hacer reparaciones. Y pensando que era cosa de ir contando a los lectores algunas de las muchas peripecias que se suceden en naves de tal embergadura, quiso la buena suerte , que apenas puesto el pie en el puente del Arenal, nos topasemos de manos a boca con un joven oficial de la Marina Mercante, amigo antiguo a pesar de su juventud, de cuyas andanzas no teniamos noticia desde hacía algún tiempo, y el cual, a nuestras preguntas, dió la oportunisima contestación de que figuraba como piloto en el rol de uno de estos bous que acababamos de ver en los mencionados diques.



LAS RUTAS DEL NORTE

Comodamente sentados ante una mesa en la que nos fueron servidos los vermouths, instamos al marino a que nos contase cosas y he aquí el resultado de tan amable charla;
Los grandes pesqueros españoles que van al bacalao, que no pasan por ahora de la media docena, hacen dos campañas al año y en ellas obtienen por termino medio , unas mil toneladas de peces secos y unas veinticinco de aceite- el famoso aceite de higado de bacalao, terror de los niños - por año y barco.
Salen de nuestras costas , para la primera campaña, a principios de Febrero y se dirigen primeramente al puerto inglés de Cardiff, para proveerse de carbón y viveres y demás pertrechos, a fín de salir perfectamente equipados para las pesquerías.
Desde allí , unos buques van a Terranova, teniendo como puerto de base el de North Sidney, y otros a Islandia, donde establecen base en Reykjavik, capital de la gran isla danesa.
Estos ultimos parten hacia fines de Marzo hacia la isla de los Osos, al sur de Spizberg, y en Junio navegan hasta el Mar Blanco, en la costa septentrional de Rusia.
En Julio regresan los seis buques a Pasajes, con el producto de la primera campaña, y en agosto emprenden la segunda dirigiendose todos a Groenlandia y la peninsula del Labrador, al norte del continente americano.

LAS FAENAS

En la travesia a Terranova ó a Groenlandia, emplean los pesqueros andando a razón de nueve o diez millas por hora, unos diez o doce días de navegación, durante los cuales los aparejos de pesca permanecen de huelga forzosa.
Estos barcos , de unas miltrescientas toneladas de carga cada uno , van tripulados por un capitán, dos oficiales de puente, tres maquinistas, un radiotelegrafista y otros cincuenta hombres de tripulación , entre los que se encuentran varios especializados en el arte de tronchar, descabezar y salar el bacalao.
Llegados a los lugares de pesca, a las playas como ellos dicen, se largan los aparejos y el buque comienza la faena del arrastre, que es su sistema de pesca.
Y entre las varias caladas del dia , puede suceder que se cobren hasta treinta y tres toneladas de excelente bacalao, aunque lo regular es que no pasen de doce a quince toneladas en un día.
Tan pronto como entra el pescado a bordo, empiezan sus faenas los especializados, y el bacalao, descabezado y abierto se sala y se prensa con aparatos espaciales, depositandolo en las bodegas del buque, donde queda seco pero en verde, hasta que de regreso en España, se tiende en los secaderos al sol y en las estufas cientificamente construidas al efecto en la factoria que tiene la empresa en el puerto guipuzcoano.
Los barcos no tienen, pués, camaras frigorificas, ni les convendría tenerlas, porque en ellas habría que guardar el pescado entero y no sería negocio almacenar tál volumen de pesca del que solo se aprovecharía un reducido tanto por ciento. Es sistema preferible, por tanto, el prensado en verde con el que se conservan los peces en excelente estado.

LA VIDA A BORDO

No estan mal pagados los tripulantes de estos barcos españoles, que tienen su base de operaciones a tan larga distancia de la patria. Pero !que bien ganan lo que ganan !. No es facil hacerse una idea exacta de los sufrimientos, privaciones, la monotonia deprimente de los largos días de navegación y de estancia forzada de semanas y semanas sin comunicación alguna directa con el mundo.
Y luego, el peligro que acecha en todo momento, los témpanos flotantes más peligrosos que los grandes icebergs , porque estos se ven mejor a distancia, las nieblas frecuentisimas - el riesgo maximo de toda navegación -, la nieve, las ventiscas y el frio, el frio terrible, que en ocasiones llega y aún pasa de de los veinte grados bajo cero .
Para contrarrestar estas terribles incomodidades, estan a veces las cortas permanencias en North Sidney, en Reykjavik, en Exeter Bay y en algunos otros puertos, donde los marinos españoles son muy apreciados, más indudablemente que los franceses, que se distinguen por su desaliño en el vestir y por la rudeza peculiar de normandos y bretones, que no se dan en los vascos, siempre pulcros a la hora de abandonar las faenas diarias.
Y queda el placer de las excursiones cinegeticas en busca de los magnificos renos y de las sabrosas cabras blancas de la region polar. Y queda la contemplación de los magnificos paisajes polares y el placer de pisar sobre un témpano flotante mientras un compañero tira una placa desde el bote, y queda , sobre todo, el magnifico espectaculo que a tan pocos hombres es dado contemplar, el del sol de medianoche, bello sobre toda ponderación...

LOS QUE ALLI DUERMEN

Hay un paraje desolado de la costa groenlandesa, un pequeño cementerio sin tapias ni cipreses, donde tres toscas cruces señalan el lugar en que duermen para siempre, lejos de la patria amada, tres hombres que hallaron la muerte en las más trágicas circunstancias.
Uno es un pescador francés cuyo nombre desconocemos, victima de un accidente en un pesquero de su nacionalidad. Otro es el guipuzcoano Guillermo Arrieta.Este infeliz estaba cobrando el cable al izar el aparejo y se le enganchó un guante en un saliente del alambre del propio cable y como la maquinilla siguió virando, tras el guante se fué la mano y el brazo y el cuerpo entero y al llegar al tambor de la maquinilla, el infeliz pescador fué decapitado con tanta precisión que mientras el cuerpo caía inerte , la cabeza salió despedida y fué rodando y rebotando sobre la cubierta hasta quedar en el transcanil arrimada a un barraganete. Visión dantesca que no se borrará en mucho tiempo de los ojos que la presenciaron.
La otra cruz cubre los restos de otro humilde pescador, de apellido Alonso, que un dia de mucho frio tuvo la desgracia de caerse al agua, en un agujero entre el hielo, y extraido al punto por sus compañeros, vieron estos con horror que había bastado los escasos segundos de inmersión para que quedara totalmente congelado.
Hubo otro que cayó al agua y sufrió parcialmente los efectos de la congelación. A éste hubo que dejarle allí, entre una tribu de esquimales, para atender a su curación , que se logró en gran parte según se pudo comprobar al año siguiente, cuando fué recogido encontrandose extremadamente débil, por culpa del exceso de cuidados de las señoras esquimales.
Y por allí andarán, sabe Dios donde, los restos de tres infelices pescadores franceses, que en un día de tormenta se embarcaron en un bote para transbordar de un barco a otro y no aparecieron nunca más.

Roger de Juval
El Noticiero Bilbaino.
Bilbao Enero de 1932












jueves, 10 de enero de 2008

El Reina Maria Cristina, pintado de blanco despues del hundimiento del Alfonso XIII, fué apodado como "la viuda alegre".
El Reina Maria Cristina.
El Alfonso XIII, despues de la reforma.
El Alfonso XIII original

miércoles, 9 de enero de 2008

Semblanzas autobiograficas

CON PERDÓN
Por esta vez, contando con vuestra benevolencia, amados lectores, voy a prescindir del presuntuoso plural y de la socorrida forma de tercera persona para hablaros desde aquí en la primera y en numero singular. Es decir que voy a hablar de mí y haceros algunas consideraciones acerca de un único personaje que, en este caso , seré yo . " YO" , dicho así , sin eufemismos que por algo en el titulo hago alusión a mí autobiografía.
Perdonadme pues, este atrevimiento tan fuera de los cánones establecidos para esta clase de ligeras croniquillas y vamos allá!.
A LAS PRUEBAS ME REMITO.
Mejor dicho, me remitieron. Sucedió que un día de la semana pasada me encontré sobre mi mesa de la redacción una orden de mí Director para que asistiera , en representación del periódico, a las pruebas de mar de un magnifico buque que acababa de salir de unos importantes astilleros vizcaínos.
Si siempre acojo de buen grado las ordenes de la Dirección, que para eso estoy y por eso me dan mi sueldo, en esta ocasión la cosa no pudo ser mas agradable para mí. Ahí es nada , ir a navegar por unas horas en un moderno transatlántico a recordar tiempos ,"ay", idos para siempre, cuando yo , sin nadie que me lo impidiese , corría el mundo de un extremo a otro. ( Ya sé que el mundo no tiene extremos, pero es un decir)
Llegado que hubo el día señalado me metí en el tren y ! hala , al puerto exterior!. Al llegar al embarcadero de Las Arenas, sentí a mi pesar algún desasosiego, porque el fuerte ventarrón del Noroeste y la corona de espuma que cubría el rompeolas, junto con el cariz achubascado del cielo, me indujeron a pensar en que podía haber mas baile del que yo quisiera, porque había que tener en cuenta que iba para veinte años que yo no pisaba la mar.
!Pero como rehuir la obligación!. De ningún modo. Y me zampé en el remolcador, que me llevó, con muchos invitados, marinos en su mayoría, a bordo de la gallarda nave que iba a ser probada.
Salimos, pues a la mar, después de las faenas inherentes a la puesta en franquía de una tan pesada mole. Y navegamos en demanda del punto de la costa, allá cerca de Oriñon, donde está marcada la milla que había de servir de fiel contraste.
No detallaré aquí el resultado de la prueba, que es cosa que toca de cerca solamente a los técnico que para ello fueron embarcados. Diré solamente que había mucha mar.
Y que el barco daba unos cabezazos de proa a popa que , contra todos mis temores, pude resistir perfectamente sin que las bascas del mareo hicieran activa presencia.
A LO QUE ÍBAMOS
Resulta que las pruebas, al cabo de un par de horas, se dieron por terminadas y el barco volvió al puerto exterior donde dió fondo, primero con el ancla de estribor y después con la de babor, y cuando todo estuvo arranchado bajamos los invitados a almorzar ! al comedor de primera!. No tal; al de emigrantes, instalado en el centro del buque, de banda a banda, en un salón espacioso, con multitud de ventanillas a los costados, y a la cara de proa del puente con una soberbia instalación de luz eléctrica, en varias mesas largas y otras pequeñas, de restaurant, con sus butacas giratorias, fijas en el suelo, con potentes ventiladores en el techo, con un decorado suave de tonos claros, con radiadores para la calefacción, con un montón de comodidades que se perciben a simple vista.
Y allí nos sirvieron un verdadero banquete, utilizando vajilla de loza fina, cristalería limpisima y cubiertos, si no de plata maciza, de algo que se le parecía mucho., y todo ello de lo que ha de usarse para el servicio de los emigrantes.
Y nos atendieron, a las ordenes de un mayordomo, gran numero de camareros de la plantilla del buque-del personal de fonda- con uniforme y guante blanco, es decir, de la misma guisa en que han de prestar su servicio a los señores emigrantes.
Porque como tales señores viajan ahora los que emigran, a quienes se aloja en camarotes de dos, cuatro o seis literas, con ropas blancas de cama, con cuartos de baño esplendidos, con salón de té y tertulia, con autorización si quieren para recorrer todo el barco, de proa a popa, Y en mis tiempos... Pasemos a otro capitulo.
EL ANTIGUO "ALFONSO XIII."
El día 23 de Noviembre de 1894, ya fecha, salí del puerto de Santander, con destino a La Habana, como pasajero de tercera ordinario, - emigrante- a bordo del vapor correo español " Alfonso XIII". Aquí podéis ver la vera efigie de aquel famoso barco. Pero en aquel tiempo que yo fuí pasajero de él , no era como ahí lo veis. Tenia entonces cuatro palos, de los cuales dos, el trinquete y el mayor, o sea de proa a popa, los que estaban antes de la chimenea cruzaban , es decir, disponían de dos gavias o vergas, cada uno, para ayudar a la maquina con la navegación a vela en tiempos favorables. Los otros dos palos, el mesana y el contramesana tenían picos ó cangrejas y tambien podian dar lona al viento si hacia falta. Andando el tiempo se le hizo la reforma necesaria para que apareciera como lo veis en la fotografía y así navegó el "Alfonso XIII" durante varios años hasta que un día , se acostó de babor sin saber como en la bahía de Santander y no se levantó más.
Igual que él era el "Reina María Cristina" en el que hice otro viaje a La Habana, trece años más tarde, y sufrió la misma reforma, hasta que no hace mucho lo pintaron de blanco, lo emperifollaron y lo dedicaron al turismo, dando lugar a que la gente de mar le pusiera el remoquete de "la viuda alegre". Ahora si no me engaño está en Barcelona de pontón, o acaso condenado a un próximo desguace.
COMO VIAJÁBAMOS
Volvamos al punto de partida. Como decía, salí de Santander, en el "Alfonso XIII", el viernes 23 de Noviembre y tan pronto como dejamos por la popa el faro de la isla Mouro, me entró el mareo, que ya no me dejó hasta dos o tres días después, a excepción de las pocas horas de escala en La Coruña, que entonces no se hacia con la de Gijon-Musel. En esos dias no pude dar cuenta alguna de mi vida, pero después una vez ya avezado a los balances del barco, me convertí en un emigrante concienzudo, pese a los pocos años, no llegaba a la docena del fraile, con que contaba mi existencia.
Y recuerdo perfectamente que mi genero de vida a bordo era el siguiente: Dormían los pasajeros de tercera, lo menos ochocientos, si no recuerdo mal, en literas superpuestas de tres en tres y colocados de banda a banda, y de proa a popa en toda la amplitud del sollado de proa, al que daba acceso una doble escala que ocupaba toda la boca escotilla de la bodega número dos.
El barco no nos daba más que la lona de la litera, de modo que de almohada poníamos algo de equipaje manual que llevábamos, y para taparnos , cada cual llevaba la manta de su propiedad con la que aguantaba el frio. Las mujeres y los niños estaban separados de nosotros por medio de un toldo de lona, a lo mejor lleno de agujeros.
Al amanecer se oía la voz del camarero- nombre con el que se designaba a un tripulante que por lo general, era un simple bodeguero que entendía de achaques de servicio domestico como yo de amaestrar rinocerontes- que gritaba: Arriba, que viene la manguera. Y efectivamente, empezaba el baldeo, sin tener en cuenta maletas, sacos de ropa ni nada. Agua va y agua viene, hasta que el sollado quedaba libre de las mil inmundicias que se acumulaban allí durante una noche de más ó menos mala mar. Y detrás del baldeo venia la fumigación, que hacia insufrible la permanencia en el sollado.
Y nosotros teníamos que permanecer en cubierta, en el castillo ó en la caja de proa, pues del puenta para popa nos estaba vedado el paso, para lo cual nos cerraban las barandillas. Si hacia frio nos lo chupabamos lindamente y si llovia nos tendian un toldo debajo del cual nos cobijabamos a cantar , a relatar historietas ó a añorar la aldea lejana, a la que muchos "ay" no habian de volver.
El regimen de comidas era el siguiente; Al embarcar, nos dividian a los emigrantes en grupos de diez y aquel que pareciera el más caracterizado recogia en la despensa dos platos grandes de lata ó zinc , otros diez individuales de lo mismo y diez cucharas, un porrón para el vino de igual metaloide y un serón para el pan de cada comida, o para la galleta que daban cada mañana para el desayuno. Este consistia en café solo, bien cargado de achicoria o de azucar tostada, para que tubiera color y lo tomabamos en unos tanques de lata, a los que no me referí antes por olvido, donde teniamos que poner a remojo la galleta durante un buen rato.
A las diez de la mañana y a las cinco de la tarde nos daban la comida. Uno de cada rancho iba a la cocina con un plato grande primero y con el otro despues a recoger la comida para los diez; lentejas con carne, o bacalao, u otro guiso semejante, bien compuesto eso si y abundante. Otro compañero bajaba a la gambuza con el serón para el pan y el porrón para el vino. Y en el primero le echaba el gambuzero tambien el postre; avellanas o pasas, ó higos secos ó nueces en cantidad suficiente para los diez.
Y al terminar la comida se armaba la manguera en el transcamil y allí iba el compañero de turno a fregar los cacharros, cuyos residuos se llevaba el agua, yendo directamente al mar por los imbornales. Y así , hasta llegar a La Habana, el miércoles 5 de Diciembre a la vista de cuyo puerto, en vez de cumplir las ordenes de devolución que no nos habian dado, hicimos lo que se hacia siempre segun los experimentados; arrojar por la borda los platos grandes, los pequeños, las cucharas, los tanques, la sera y el porrón.
OTROS VIAJES
Y no se crea que ese trato era exclusivo del "Alfonso XIII", ni de los demás buques españoles, en Marzo y Abril de 1899 vine de Cuba en el vapor "Wellington" de la Transatlantica francesa y añoraba con envidia el viaje de ida.
Me acuerdo que en la madrugada del Viernes Santo me hicieron levantarme a toda prisa, porque acababa de fallecer de tuberculosis mi vecino de litera.
En Enero de 1908 hice otro viaje en el " Reina Maria Cristina", al que antes aludí, y fue en todo igual que el del Alfonso, salvo que para mi habian transcurrido ya algunos años. Llegamos a La Habana el dia 2 de febrero , el mismo día en que asesinaron en Lisboa al Rey y al Principe heredero de Portugal.
De este segundo viaje regresé en Agosto del mismo año en el vapor aleman "Allemannia" y durante el viaje tuvimos que amotinarnos por la detestable calidad de la comida. Lo que no recuerdo yo que haya ocurrido nunca en buques de bandera española.

Bilbao. Septiembre de 1931.
Roger de Juval. El Noticiero Bilbaíno.